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Mostrando entradas de diciembre, 2018

Cenando con amigos. Relato filosófico.

Cenando con los amigos. -Está más que demostrado que dios no existe, hombre. Paula, tras tomas dos copas estaba envalentonada y como filósofa del grupo y ya en unas horas álgidas donde todos estábamos atentos a sus maravillosas explicaciones estaba ya sentenciado, lo solía hacer con una habilidad aplastante, llevándose al bolsillo a todo el que quería . Cargada de datos y números, como siempre, de una manera prodigiosas nos instruía. Aquel club de más de cuarenta tacos , donde todos nos considerábamos tan modernos y progresistas estaba seducido por su presencia. Y no es que nadie pudiera hacerle sombra. Dios los cría y ellos se juntan. Es algo que ya a una cierta edad uno llega a comprender y en el grupo había mucha gente de calidad . Y dentro de lo heterogéneo, se degustan los mismos vinos, aficiones y hasta las sensaciones. P ero aquella noche quedaría para el recuerdo, desde la esquina de la mesa, diminuta y frugal, nuestro ser de luz, nuestra Galadriel, así la llamaba Pabl...

Ángeles níveos.

Tu boca es la blanca niebla y con mi miedo la nada. En tu presencia la vida y en tu sexo mis ansías. Tu espalda, con negras alas, en mi pecho yace  herido el Alba. En mi muerte ya danzan, los ángeles níveos que gozosos me arrastran. A una muerte segura, porque sin alma ni vida reinan en la madrugada.

La mañana de Navidad.

Se acerca la mañana de Navidad y temprano me iré para mi barrio, La Granja, esa barriada que era una isla solitaria y con acento serrano, a cuatro kilómetros de Jerez, en el fin del mundo, como decía mi abuela. Ella que nunca se acostumbró a su destierro de aquel barrio de San Miguel, de su Cerro Fuerte, y que cuando cogía el tranvía para ir a la plaza era una odisea para ella. Todavía la recuerdo bajarse con algún juguete, del Villamarta -La Granja, y su bolsa de pescadilla de Cádiz. No hay mejor día de Navidad que una mañana soleada y fría en tu sitio. Con ese olor peculiar que todos los barrios en Jerez tienen por la helada de la noche que se evapora, resistiendo ante el sol de la mañana. Mi madre estará guisando un pavo en oscurito y mi padre, entre las últimas compras y recados, se tomará una copita o dos de oloroso en el bar. Irremediablemente llegará contento y con la intención de invitarme se tomará otra. Yo seguiré ese ritual con él y con ese Sherry generoso brindaremos. S...

Teseo.

No tengo espacio para los que no creen en el ser humano. No creo en quien, por salvar sus frustraciones, crean mentiras para salvar su ego. No quiero a los que anhelan ser esclavos. No daré la mano a quien no ama ni lo demuestra, no lo quiero. No voy a cambiar ni mis modos, mi fe ni mis deseos. No voy a perder un minuto en quien no entre en el laberinto como lo hizo Teseo.

Hiel

Un corazón roto se rompe en tres mil  pedazos. Son plumas en el viento que jamás vuelven al saco. Querer recomponer lo que está suelto en el vacío del espacio, es tarea inútil, ingrata y tiene un sabor amargo. Hasta que los trozos del desamor no desaparezcan solos y silenciados, nadie ha de ser el sol para unos copos que vagan inertes y helados. Porque ningún conjuro o tesoros dorados, harán que la hiel de tus labios deje de ser verde, tras ser besados. Nadie merece curar, remendar y perder su alma por lo que estamos entregados.

El tiempo.

Los veranos de la infancia son eras infinitas mientras la novedad los acorta y espanta. Y ahora cualquier presente resulta una quimera, volátil y rápida. Rutinas, relojes y programas, todo eso lo remedia la nostalgia. Porque ahí se para el tiempo, en la niñez y en lo que no se palpa. Más pesa una  tarde con un antiguo amor que todo lo que uno espera, desea y nos aguarda.

Héroes

Es bueno tener ídolos y héroes a los que admirar. Una vida sin una pizca de épica, sin enemigos o que sólo se entrega a tramas científicas no me da misterio ni emoción. Es bueno saber que ahí hay centinelas que nos proporcionan, en un protocolo tranquilo y pausado, las llaves para no patinar. Es bueno ser humilde con los que saben, los que perciben, los que sienten el roce de la hierba hasta con unas botas de agua o son capaces de ver cosas que nosotros no veremos jamás. Ya sea por su insistencia o por el don de poseer eso que sólo los dioses dan a determinados mortales. Y entonces ves un cuadro, una canción o una opinión construida desde la dominación de los datos. Y ahí respiras. Y puede sonar a que la pereza te gana en detrimento de querer buscar o tener esas mismas cualidades por delegar en otros. Pero, sin embargo, tranquiliza. Y los libros están ahí, como todas las artes, las siete. Ser sorprendido, y ver que nada era como creías, eso es el mayor de los orgasmos. Así entre un rob...
Hay rincones que están llenos de verdades. Y las infancias son las verdaderas patrias de los hombres. Esas sí son las banderas por las que hay que luchar y desangrarse. De soldado a general. En la guerra o en la paz. Asi son las naciones que rigen el mundo. Así hay que cuidar la infancia de un niño. Y en la hora de la muerte, en la vejez, cubrir la sepultura con ese trozo de tela. Ondeando con fuerza, y con el cuerpo como mástil. Asi estaremos llenos de orgullo por lo pasado y lo vivido.

Equiparar y olvidar.

Equiparar y olvidar, todo al final dará igual. Víctimas y verdugos,  las luchas yacen en el mar. La muerte está brindando cuando el tiempo ve avanzar, salvoconducto y olvido. Que un tirano en un siglo es leyenda, que un obrero cansado en un día es un mito. La rueda inevitable de lo que será, los daños en mis carnes que no se han ido.

Jerez.

Levante, Doña Blanca. Los tres Reyes, Corredera. De San Francisco a la Plaza, tomar café en La Vega. Con las bolsas del pescado, calle Larga, de fino ya van dos medias, Señor de la puerta Real, los naranjos con su cera. Virgen de las Angustias, por el camino de vuelta.
Hay cartas que no se escriben, despedidas que se olvidan, en el corazón de quien siente no hay llegadas ni partidas En la espera está el deleite aun sabiendo su mentira, que no es un final sino un puente lo que quien ama ansía.

Son.

Son los que eran. Los que en la transición votaron a la derecha, tras cuarenta años de fascismo, por el miedo al cambio. Son los del no a los derechos fundamentales del ser humano. Son los de la pena de muerte. Son los que obvian los sentimientos de las regiones y sus luchas. Son los del no al aborto y abortaban en Londres. Son los de los moros, los negros y los gitanos... Son los de todos los políticos son iguales. Son los que odian a la política, sin saber que su alternativa es el totalitarismo. Son los que no tienen memoria. Lo que no saben que pasó con Lorca o Machado. Son los que creen que la palabra matrimonio sólo puede darse entre un hombre y la mujer. Son los que creen que el pecado es delito. Son los que creen que todos son vagos menos ellos. Son los que se regocijan y se estimulan con las estadísticas a la baja. Son los que ven en el feminismo una perdida de poder y obligaciones. Los que creen que el arte y la cultura deben estar al margen del gasto social. Son los que odia...
Los inviernos cansados, las mañanas de niebla, el relente pausado. Las flores marchitas, el tiempo parado. La muerte en la esquina con los relojes helados.
Quiero ser tu único pensamiento. Quiero ser tu sol en un maldito invierno. Quiero ser la pasión entre todos tus deseos. Quiero ser el agua en tu desaliento. Quiero ser un cuervo viejo, triste y negro. Quiero ser quien te haga olvidar todas las primaveras del tiempo. Quiero ser la muerte que no falla un intento. Quiero morirme ya porque ni siento ni sueño. Quiero que al alba echen mis cenizas al viento.
Por Federico, por Machado, por la belleza que sale de la pena, por esos que juran que sólo ven esperanza en el hombre. Por los besos y los abrazos. Por los libros prohibidos. Por los señoritos con dinero, por sus pecados, por los que son más morenos de piel, por la venganza y el arte que sale de la pobreza, por la vida que sale de ti y de tu corazón. Por el mar, por las manos de los que siembren el campo en Málaga. Por las coplas de la violeta y de los recuerdos de Carlos Can o. Por los amores que supieron perder al saber que quedaron señalados en un sueño al entregar el cuerpo y el alma. Por las novias de la noche y de la luna. Por las mujeres libertarias. Por los hombres cabales que destilan jazmines entre las manos. Porque entres sin llamar, porque que el dinero no valga más que nadie. Por el viento y la sierra. Por la mar y la gaviotas que deciden ir a la ciudad a morir. Por las canciones andaluzas. Por el honor de Andalucía, que como decían, llora de noche y ríe de día. Por la men...