Un corazón roto se rompe en tres mil pedazos.
Son plumas en el viento que jamás vuelven al saco.
Querer recomponer lo que está suelto en el vacío del espacio,
es tarea inútil, ingrata y tiene un sabor amargo.
Hasta que los trozos del desamor no desaparezcan solos y silenciados,
nadie ha de ser el sol para unos copos que vagan inertes y helados.
Porque ningún conjuro o tesoros dorados, harán que la hiel de tus labios deje de ser verde, tras ser besados.
Nadie merece curar, remendar y perder su alma por lo que estamos entregados.
Son plumas en el viento que jamás vuelven al saco.
Querer recomponer lo que está suelto en el vacío del espacio,
es tarea inútil, ingrata y tiene un sabor amargo.
Hasta que los trozos del desamor no desaparezcan solos y silenciados,
nadie ha de ser el sol para unos copos que vagan inertes y helados.
Porque ningún conjuro o tesoros dorados, harán que la hiel de tus labios deje de ser verde, tras ser besados.
Nadie merece curar, remendar y perder su alma por lo que estamos entregados.
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