Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de enero, 2019
A mí me duelen tus besos, tú y las flores del cobre que a mí me saben de acero. Nada vivo te vale, a mí se me para el tiempo. A ti el fuego te consume, danzan las sombras del viento. El mundo no me responde en él se me muda el cuerpo. A ti las garras de un buitre, conmigo los cuervos negros. En mí la savia del sauce, en ti la muerte de un ciervo. Sueñan los ocasos verdes con el sabor de tu aliento.

El deseo.

El deseo. Ni un duro en el bolsillo, pero eso sí, una camisa extraordinaria muy bien planchada por su madre. La virgen del Carmen en el cuello y el pelo perfecto. Ni muy largo ni muy corto, lo suficiente para que el peine que tenía en la cartera para amoldar y rajar alguna cara hiciera su labor. Un hombre afeitado vale por dos y él lo sabía, eso le decía su padre. Las volvía loca, castigando, al entrar en el garito donde siempre quedaba con su esbirros. Él no tenía amigos, así al menos quería que fuese. Necesitaba compañeros de noche donde el whiskey con soda y alguna que otra raya de cocaína iba a ponerlo en la órbita precisa para la ocasión. La gran habilidad de no parecer nunca ebrio y su altura de más de un metro ochenta, junto a su delgadez lo hacía debutar como el puto Cary Grant cada sábado. Pero sólo tenía un problema, Eva. Eva y su cara, su pelo, su indiferencia y su gesto de mala. Instalada en la crueldad que tienen las mujeres cuando saben que son bellas y apartan con...
Es un peligro de muerte echar a los toritos negros las semillas de tu frente. Ya se llevan a Rosario, la entierran esta mañana caminito del Calvario. Llorando van las gitanas con sus vestidos lánguidos. Los hombres callan y otorgan sus manos llenas de callos. Las navajas afiladas los ojos como los gallos, ya se van las comadres en sus carretas de barro.

Arcos de la Fra.

Arcos se detiene ante la sierra de Cádiz Con su virgen de las Nieves Arcos el de la peña, las serranas y el relente. serpientes de muerte blanca en sus calles se mantienen. Atalaya del tiempo, dueña de los campos verdes, para morir entre sus lunas inertes. Vera cruz, los poetas y el sudor de su frente. ¿ Dónde están las morerías y los cristianos valientes? Aves de paso y sus cigüeñas danzando en el Guadalete.
Serranuco, petimetre glotón sin parangón, andador de millas terrestres por ahorrarse un doblón. Envidioso y resentido mas no se fía usted ni de Dios. Cuidado que nos engañan que lo sepa usted señor. Cejas y gorra calada hasta el corvejón. amante de la pelliza que ni frío ni calor. Para casa aunque sea una piedra y el paladar en un arcón. Mirada lenta pero afilada, que a usted coba ni le dieron ni lo tiene en previsión. Cierra las puertas al mundo cuarto de aperos y en el colchón el oro de un Barón. No está el mundo como antes no se puede confiar. Pana, correa y pestillo. Mas no se fíen de ningún burro habiendo por ahí un pillo.
Ese amor que aún perdura, ese sabor de sus besos, esas ganas de penumbra, ese terror del recuerdo. Ese dolor en la nuca, esos errores que fueron, esas sendas de la vida, eso que tendrás aun muerto, esa ausencia que te amarga, ese reloj que es el tiempo. Esos besos que te entierran, esos ángeles del cielo, ese dolor de tu Alma, esa camino al Infierno, Esos sueños que se escapan, ese calor de tu cuerpo, ese hielo que te mata, ese corazón yermo.

Manda.

En tu hambre de todo y nada manda, en tu cuerpo manda, en tus soledades amargas manda, en tus ganas manda, en tu llanto y en tu alegría manda. Manda en tus mañanas. En tus libros y en lo que odias en la almohada, manda. Manda en esa sonrisa que no te podrán quitar, manda. Manda en la copa de vino que te falta, manda. En perderte entre la multitud desganada, manda. En la foresta y las flores y los fuegos que las destruyen, también, manda. Manda al amarte y al amar manda. Manda por los pueblos y los mundos que te quedan por ver, Manda por los sueños, los que jamás se van cumplir, sobre todo, ante esos, manda. Manda con la mirada, con la luz de tus ojos y con tu maravillosa palabra. Manda como un sauce en un río que descansa. Manda como las aves del paraíso que sin sus plumas no cantan. Manda como el león en la tierra y en el cielo las hadas. Manda en tu corazón, en el sabor de los besos y el color de tu alma.
No te fíes de quien no sea capaz de publicar sus mezquindades, sus defectos y algún vicio. Aún en lo contrario, en las modas del tiempo, que está por no derramarse ante otros y tapar despropósitos. Ante esos cuídate de su oscuridad. En los salvajes, ante los logros y sus fracasos está la verdad. Y no es que la intimidad y el decoro no les seduzcan, es que simplemente la sangre le sangra, el corazón se le muere entre las manos y sueñan. Sobre todo esos seres sueñan. Y aunque hayan alcanzado logros en la academia, en el amor, el desamor o la gloria con o sin fama, como dije antes, sangran. Bendito vino su sangre, crápulas de la verdad.

Sola.

Suaves las maneras bruscas en la cama, leve la mirada arduas son mis ganas. Sábanas vacías sol en la ventana, pájaros de niebla nieve en la almohada. Soledades muertas, juventud de cera. Cuerpo de virgen santa, noches sin luna ni estrellas.

Un minuto de tu vida.

Un minuto de tu vida. Si por cada mujer asesinada, maltratada, intimidada, violada y  ultrajada por un hombre, los que equiparan cifras y niegan se silenciasen un minuto, por cada una de ellas, un minuto, por cada una de ellas... Si estuviesen sin comer un minuto por cada una de ellas. Sin beber agua un minuto por cada una de ellas. Sin respirar un minuto por cada una de ellas. Sí quizás les dieran por optar a escoger lo contrario. Quizás de esa única forma llegarían a entender. Un minuto por cada una de ellas. Un minuto.

Esos días...

Ese amigo, ese viaje, ese vino, esa mujer Y ese destino. Ese libro, esas ganas, esos años, esas hadas, y esos caminos. Esos descansos, esas batallas. esos veranos, esas mañanas, Y esos rocíos. Esas tardes, esos ríos. ese norte, esos desiertos baldíos. Esos inviernos, esas muertes, ese vacío. Ese puente, esa Alameda, ese relente. Esos que traen los fríos.