La tentación de creer que unos votos son más válidos que otros en una asamblea, en una comunidad de vecinos o en unas elecciones generales pueden confundir a quienes creen pertenecer a una clase de personas más cultas o preparadas. Cosa que indudablemente es cierta en criterios académicos y más meritoria por su esfuerzo y divulgación. Pero cuando se vota por un problema común y público, esa vecina ingrata que no paga la comunidad, idiota y ajena a lo común, o la catedrática en humanidades deben tener el mismo valor. Entre ellas están todos los grises y por tanto la REALIDAD de una sociedad, no la que queremos sino la que existe. El resultado de una votación, entre sus presentes, no es más que el retrato robot de la sociedad. A algunos le gustaría un Monet y a otros y cuadro de Velázquez. Pero ésto, al final, no va de gustos, sino de aceptar con delicadeza y valentía la mayoría y el consenso. Un grupo de cuatro iluminados progresista, conservadores, liberales etc no pueden nunca goberna...