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Por Federico, por Machado, por la belleza que sale de la pena, por esos que juran que sólo ven esperanza en el hombre. Por los besos y los abrazos. Por los libros prohibidos. Por los señoritos con dinero, por sus pecados, por los que son más morenos de piel, por la venganza y el arte que sale de la pobreza, por la vida que sale de ti y de tu corazón. Por el mar, por las manos de los que siembren el campo en Málaga. Por las coplas de la violeta y de los recuerdos de Carlos Cano. Por los amores que supieron perder al saber que quedaron señalados en un sueño al entregar el cuerpo y el alma. Por las novias de la noche y de la luna. Por las mujeres libertarias. Por los hombres cabales que destilan jazmines entre las manos. Porque entres sin llamar, porque que el dinero no valga más que nadie. Por el viento y la sierra. Por la mar y la gaviotas que deciden ir a la ciudad a morir. Por las canciones andaluzas. Por el honor de Andalucía, que como decían, llora de noche y ríe de día. Por la menta y la canela. Por las candelas de los serranos. Por el Brandy de los ingleses en las barriadas de Jerez. Por los que saben quienes son aunque vayan a morirse sin ser descubiertos. Por los que lloran amando. Por Sevilla y el barrio de Santa Cruz, por la Granada que es moruna. Por la Virgen del Carmen y por las naranjas que salen del azahar. Y por abril. Por la muerte de un varón que no pudo ganar en el amor. Por quienes no tendrán nada, tan sólo las coplas del flamenco. Por Rafael y María. Por los patios y por los claveles de Ronda. Por todo eso cantan mil alondras. Y no pasarán si no aman, y no amarán si no se derraman. Ante lo que Córdoba demanda por ser cristiana, maruja y llana. Por las noches de relente y el vino joven de Sanlúcar. Y de Loja a Benamejí. Que no es más que la libertad de sentir. Sentir. Entre las murgas de Cádiz y el sabor del anís.

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No es rezar, que también, por mis niños. Es un calzado limpio. Es lo que en el siglo llevan aguardando mis gentes. Una parsimonia de plancha y costura envueltas en ver a qué horas pasas las líneas del tiempo. Es entrar por calle Medina o por Arcos, según se disponga uno, o por Ancha o Merced. Porque las barriadas te exilian sin remordimientos aunque tú barrio fue el que fue. Pero uno entra a Jerez a ver su cofradía por donde entró su padre o su abuelo. Por donde tu abuela guisó los garbanzos con bacalao que todavía huelen a anhelo. Y no es ni de izquierdas ni de derechas. Es el del Cerro fuerte con la melena al viento, o las manos como dos palomas del Prendimiento. O la gente del Chicle, al verlas andar con los faroles en busca de Jesús Nazareno. Y el olor y el sabor del color del Sol. Es un ¡ Qué guasa que llueve! San Francisco en la plaza y San Lucas los Lunes que son breves. Y las Angustias que de Porvenir empieza y por Molineros muere.  Que esto no es cuestión de hombres ni de...

El amante de sal.

El amante de sal. No hay nada peor que querer amar sin estar enamorado, sentir los barrotes de una cárcel de oro. Tener la mirada en el pasado en la absoluta desesperanza. No esperar nada del amor ni de la vida. Aceptar al invierno y hacerle un traje de flores huecas. Se marchitan y no dan frutos. La fatiga será parte de tus pasos y nada te saciará salvo esos recuerdos amargos. Y solo, en esa vieja foto, que miras cuando nadie te ve está la verdad, en una absoluta desesperanza y certeza de lo funesto de tu destino. No amén sobreviviendo, háganlo entregando el alma al diablo. En el extremo de los barrancos de la locura. Así hay que amar: sudando en la cama, anhelando la saliva del otro como si fuera ambrosía. O la muerte, negra, implacable y certera, en cada paso que des, en tu divina belleza, te recordará que no habrá paz en tus días, jamás, ni otra primavera. Reina de la nieve, cuerpo de cera que no arde ni quema. Mirada al vacío y noches de condena. El amor es vender el alma por u...
Malos tiempos para la dignidad, en un pañuelo blanco e impoluto la quiero llevar. Mas el ego, los vicios y la necesidad, te invitan a ser alguien que quisieras olvidar. No se pongan a la venta tan barato, eso es regalar. Si algo tienen los pobres es su poder de amar. Amar para vencer, resistir, alzarse y gritar. No se vayan a la cama con alguien si estás en otro lugar. Mejor un libro en las manos con un pedazo de pan. Que una almohada severa que no deja descansar. A nadie concedas una falsa paz, sin justicia es sólo sal en la mar. Ten amigos que te corrijan y a los que admirar. Es el único tesoro que a la tumba, sin duda, nos tenemos que llevar.