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Pude ser otro, pero soy yo. Consecuencia de los besos y de lo que mi madre mimó. Pude ser rudo, severo y un gran triunfador. Pero me educaron con la parsimonia con que se cierra una flor. Pude haber sido un guerrero con demasiado tesón. Pero en una noche de verano besé a mi primer amor. Pude ser un marcial caballero, con espada y un blasón. Pero los besos de mi padre eran de blanco algodón. Pude humillar a los hombres para conseguir el sol. Pero en los bancos de mi plaza recibí todo el calor. Pude ser alguien sin alma pero aposté por el amor.
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El coste de los besos, lo corta que es la vida, el peso de los cielos, el frío de las cimas, la pluma de mis versos, las tardes sin alegría, la tardanza del verano, sintiendo las golondrinas. Los domingos cortos, el amor por la rutina, la plaza con los grillos, los musas de la esquinas, las palabras de un viejo, las vecinas vencidas, los hombres tomando vino, amargo como la quina. los duelos y los quebrantos, el pan, la fe con sus migas, los ojos de un gato negro, la juventud a porfía, sin sangre verde en los huesos, con la mirada bovina.
Si algún día hablo sólo de mis méritos, Si al hermano lo miro desde el cielo, si en mi camino no tiendo la mano y sólo la pongo al cuello, si en la creencia de ser mejor que todos niego el pan al resto, si acaparo lo que es de todos sólo por temor y despecho, si me olvido de mi calle, de mi barrio y de los primeros sueños, si veo en los pobres del mundo la culpa de de mis infiernos, si voy de la mano de alguien que me ame por lo que tengo, si se me pasa un día sin recordar donde nacieron mis huesos, si en la caridad veo la solución para la salud de los buenos, si sólo pienso en Dios y no en lo que hicieron mis abuelos, si empiezo a dejar de dar tropiezos y encuentro la virtud en la rectitud marcial de un sauce viejo, si en la distinción y en el cinismo se ceban los gusanos de mi pellejo, si en la creencia de que todos son malvados porque no hicieron lo que el resto, podéis tirar mis cenizas al mar, sin preguntar, como se pudre la madera soltando las edades ...

Cuando todo acabe.

Cuando todo acabe. Cuando todo acabe voy a planchar mi mejor camisa y a dar brillo a mis andares. Cuando todo esto termine reposaré mis días como lo hace el té en el agua que hierve humeante. Cuando todo esto toque a su fin voy a ir a gritarle al mar lo que no sabe, a ver como la brisa se enfada en mi rostro y a sumergirme en él hasta que mis pulmones, ajenos a todo el oxígeno del mundo, me demanden otra vez la libertad, encarados con el aire. Cuando todo esto culmine iré a esa taberna a tomarme un vino viejo de Jerez con los amigos, sin decir nada, para que las miradas hablen. Cuando todo esta mortandad se pudra no guardaré ninguna rosa para quien ame ni ningún silencio que pueda dañar a nadie. Cuando el mundo vuelva a rodar me iré a la sierra a conversar con las aves, a sentir como crecen las montañas en los Alcornocales. Cuando todo esto sean lunes de rutinas amables, sensatas y suaves daré gracias por tanto, a sentir lo que otros no tienen y nunca podrán hartarse....
Hay que regresar a la nada. La nada de tus besos, con los ojos abiertos. Tener presente al dolor y las últimas aves del paraíso. Llenar los gozos del alma, soñar con la canción de un mito. Regresar adonde el faro se apaga, seguir la senda de un río. Luchar por un mundo que siente, para no sentirse vacío. Hay que regresar a la nada. Pendientes de los que no hablan. Sintiendo que nada ocurre, porque a veces no hay palabras. Esclavos de los motivos y de las atalayas. Vigías extraños y cobardes, de los siglos que no pasan.
Hay una España paleta, otra que sabe y calla. Una de pillos, otra de listos: canallas. Hay una España que cree que no existe la esperanza. Que se conforma con poco, que es vulgar y muy osada. Hay una España que lucha, malinterpretada. Que en dos días se cansa de bregar con la ignorancia. Hay una España dormida, con una espada mellada. En una envidia profunda por el que en algo destaca. Hay mil ratas serviles en cada pueblo, en cada plaza. Malas ideas profundas agarrada a la sotana. Hay una España sin sueños, de una serpiente agraria. Hay cementerios llenos de los que tenían alma. Hay una España que nunca sale del miedo, los reyes y su morralla. Del pecado, de los amos con pan duro y peonadas. Hay tontos que fueron pobres y ahora no saben nada. Hay una España pérdida, ausente que siente náuseas. En un anhelo constante por poder decir a gritos patria. Sin querer sentir la muerte, los siglos y la sangre derramada.
Hijos del deseo, de la opulencia y los anhelos. Gente corriente, inerte, presa del tiempo. Días grises, sin frentes abiertos. Ciudades vacías, dormitorios llenos. Vives soñando mueres en silencio. Como la abeja que cuando pica yace al momento. Seres en tránsito a ninguna parte sin ningún consuelo. En la violencia encuentran el último pañuelo. De los siglos pasados y los agravios viejos, En la soledad que solo existe en los mustios besos. Tramando la próxima jugada del tablero, siendo peones, no de marfil sino negros. Vagando, rumiando y secando las hojas del invierno. Degustando trozos de hielo como si fueran caramelos. Vendiendo el Alma por un trozo de éxito. Cierra la puerta, hermano, ya no cabemos todos dentro. ni la música ni los libros sacian nuestros ojos secos. vagamundos sin esencia, dioses del miedo, pagando deudas de otros, cenando relojes sin manillas, gritando al cielo.