Pude ser otro, pero soy yo. Consecuencia de los besos y de lo que mi madre mimó. Pude ser rudo, severo y un gran triunfador. Pero me educaron con la parsimonia con que se cierra una flor. Pude haber sido un guerrero con demasiado tesón. Pero en una noche de verano besé a mi primer amor. Pude ser un marcial caballero, con espada y un blasón. Pero los besos de mi padre eran de blanco algodón. Pude humillar a los hombres para conseguir el sol. Pero en los bancos de mi plaza recibí todo el calor. Pude ser alguien sin alma pero aposté por el amor.
El coste de los besos, lo corta que es la vida, el peso de los cielos, el frío de las cimas, la pluma de mis versos, las tardes sin alegría, la tardanza del verano, sintiendo las golondrinas. Los domingos cortos, el amor por la rutina, la plaza con los grillos, los musas de la esquinas, las palabras de un viejo, las vecinas vencidas, los hombres tomando vino, amargo como la quina. los duelos y los quebrantos, el pan, la fe con sus migas, los ojos de un gato negro, la juventud a porfía, sin sangre verde en los huesos, con la mirada bovina.