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Héroes

Es bueno tener ídolos y héroes a los que admirar. Una vida sin una pizca de épica, sin enemigos o que sólo se entrega a tramas científicas no me da misterio ni emoción. Es bueno saber que ahí hay centinelas que nos proporcionan, en un protocolo tranquilo y pausado, las llaves para no patinar. Es bueno ser humilde con los que saben, los que perciben, los que sienten el roce de la hierba hasta con unas botas de agua o son capaces de ver cosas que nosotros no veremos jamás. Ya sea por su insistencia o por el don de poseer eso que sólo los dioses dan a determinados mortales. Y entonces ves un cuadro, una canción o una opinión construida desde la dominación de los datos. Y ahí respiras. Y puede sonar a que la pereza te gana en detrimento de querer buscar o tener esas mismas cualidades por delegar en otros. Pero, sin embargo, tranquiliza. Y los libros están ahí, como todas las artes, las siete. Ser sorprendido, y ver que nada era como creías, eso es el mayor de los orgasmos. Así entre un robot sin alma o un poeta que huye de la masa en busca de la belleza, ni lo duden. No lo duden.

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