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Mostrando entradas de noviembre, 2019
Amar, que curioso. Amar está supeditado a la edad, la maternidad, la paternidad, la supervivencia, la inseguridad, el miedo, las zonas de confort, el daño que te hicieron en el corazón, la opinión de los pilares sólidos que crees que van a juzgarte frente a una decisión cuestionable. Amar, viniendo de vuelta, estando depresivo o eufórico, amar. A los veinte, o a los sesenta con disfunción eréctil o con el lívido por los suelos. Amar, secuestrados, desechados, anulados, acomplejados o en la supuesta gozosa venganza. Amar con hijos o sin ellos. En el escarnio público o en el púlpito de una iglesia. En la pureza o en la suciedad. Amar. Y, tras todo ésto, sólo se me ocurre una forma verdadera de amar. No interesarse en absoluto en si te aman o no. Si la vida tiene una opción para descartar lo racional es cuando se ama, drógate con eso. No te preocupes ni un instante en preguntarte si te aman. En el amor hay que morir, diluirse y entregarse. Sucumbiendo a su dramática injusticia y a sus fin...
Sueño de Navidad. Y sin pensarlo vengo por la calle de Belén presumiendo y el señor Feliciano me viene persiguiendo. Y yo que quería ir para la calle de San Francisco, cerca de doña Blanca, que dicen que no es por aquí, que es en Arcos, quién sabe... donde venden pan y también molletes porque está uno desmayado con este frío. Me confundí y entré en la serena y relentosa ciudad de Jerez, llena de palacios. Y al pasar por Casablanca, que así cantaba un borracho en un tabanco tomando Amontillado, un ermitaño dormido, entrando por la cuesta me riñó y me dijo pase usted de largo. Y aquí me veo pensando en mi madre que estaba preñada y buscando posada, a altas horas de la madrugada, porque aquí quise yo nacer, en Jerez. En una huerta llena de naranjas, donde un hay un ciego que no ve y antes de llegar a Santiago me dieron tres, para beber, en ellas, en las tres, me sacié. Aunque tenía mucha hambre y al olor de la sangre por Taxdirt, había un cochino colgado, en un portalito oscuro y llen...
Como Circe hizo a los hombres. Cerdos por el placer y la ignorancia. Bestias que yacen rumiantes, leones de triste estampa. Más consuelan las mentiras dulces, que la verdad siendo amarga.
Tristes las horas, pueblos desnudos, muertas las hojas. Niños descalzos,  esperanzas rotas. Lunas de olvido, hombres sin honra, la dignidad a saldo, barata se compra. Vivir sin tiempo, frías las alcobas, muebles de barro, lluvia en la loza. Olivos de ojos secos, ginetas de mala sombra, caballos abandonados, heridos por la memoria. Mujeres con negro luto, gritaban como las locas, La sangre de los molinos, los llantos de las palomas, los fusiles de los cuervos, las sotanas de parroquia. La libertad en el puño, las plazoletas cerradas, el corazón con arrojo, la cabeza en la victoria.
El frío no es más que silencio. La lluvia sólo es la ausencia. Mi vida no es más que un río, que se muere en tu presencia. Los peces del ancho ponto, las naves de blancas velas, no hay viaje sin destino, ni amor que no pase pena.
Malos tiempos para la dignidad, en un pañuelo blanco e impoluto la quiero llevar. Mas el ego, los vicios y la necesidad, te invitan a ser alguien que quisieras olvidar. No se pongan a la venta tan barato, eso es regalar. Si algo tienen los pobres es su poder de amar. Amar para vencer, resistir, alzarse y gritar. No se vayan a la cama con alguien si estás en otro lugar. Mejor un libro en las manos con un pedazo de pan. Que una almohada severa que no deja descansar. A nadie concedas una falsa paz, sin justicia es sólo sal en la mar. Ten amigos que te corrijan y a los que admirar. Es el único tesoro que a la tumba, sin duda, nos tenemos que llevar.

La santa compaña.

Pequeño relato de terror. La santa compaña. La noche y su oscuridad tras una jornada con las bestias. En los páramos ocres de hojas marrones y verdosas que buscan pudrirse por compasión, antes que el invierno las disuelva como un limo negro que envenena a la tierra. Así, día a día, jornada tras jornada, la aldea gallega despertaba todos los otoños del mundo. Vacas robustas y sobradas de leche que no perdonan un día de fiesta. Ni el de santa María Inmaculada ni la noche de todos los difuntos y santos. Apenas treinta casas esparcidas por el viento bajo la loma de un monte de Ourense. Húmedo desde que el mar choco por primera vez con Galicia y triste por convicción. Una tierra plagada de hombres disueltos en agua y calados de desesperanza en la certeza de que todos los días eran eras y todas las eras minutos. Viejas meigas de pañuelos negros, niños que dejan de serlo por la necesidad del trabajo, el cántaro y los árboles mustios que les impiden el juego y unas mujeres que son fértile...
¿ Qué pregunta te estás haciendo? Como si fuera un telar de finos paños tus sueños. ¿ Qué vida vives sin estar viviendo? Complaciendo mentiras, a la oscuridad y a los cuervos negros. Las sombras del vino rojo que destila el cuerpo, el fértil vientre que te quedó sediento, la copa en la mano y tus labios secos.. ¿ Qué sentido tiene anhelar el viento? Tú la de las alas cortadas por el paso del tiempo. Sentada como una roca llena de moho siniestro. Levanta las manos, derrama el corazón con tu alma sosteniendo un viejo cuenco. Que no hay hombre, destino o desgracia que deforme la cera virgen de tus pechos. ¿ Qué sientes? dime, reina de los secretos.