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Mostrando entradas de enero, 2020
Arcos se detiene ante la sierra de Cádiz Con su virgen de las Nieves Arcos el de la peña, las serranas y el relente. serpientes de muerte blanca en sus calles se mantienen. Atalaya del tiempo, dueña de los campos verdes, Vera cruz, los poetas y el sudor de su frente. ¿ Dónde están las morerías y los cristianos valientes? Aves de paso y sus cigüeñas danzando en el Guadalete.
Podías haber ligado con aquella chica tan guapa de tu clase. Podías haber hecho aquel viaje sin contar con nadie. Alejarte de quién te humillaba sin agobiarte. Podías haber estudiado sin cansarte. Podías haber saboreado la adolescencia sin percances. Estar tranquilo, seguro, pisando fuerte y aprovechando las tardes. Aceptando tu cuerpo, los gozos y sin fallarte. Haber tocado aquel instrumento, hacer teatro y decirle al tiempo espera que estoy sintiendo este instante. Podías haber dejado en un cajón la inseguridad y ser el líder de la reunión sin acomplejarte. Ducharte con todos sin mirar a tus partes. Soñar que el último verano, antes de la universidad, era el más importante. Derramar tu carisma, con esas zapatillas, en esa graduación, con ese traje. Hacer el amor antes de los veinte sin asustarte. Pero, ¿ sabes qué? La vida es la que es, tu pasado fue el que fue y los sueños solo son parte, de una vida que tuviste, mas solo son humo y quimera, anhelos muy exigentes. Expectativas ansio...
Yo que estuve enfermo ahora tengo guitarra y toco el fuego. Yo que estuve perdido vuelvo a ti sin pedirte el cielo Yo que nunca creí en mí con mis manos me elevo. Yo que sin saber que podía me hundí en un desierto. Yo que era mejor que vosotros y no podía entenderlo. Yo el de las horas muerta, el de los eternos sueños. Yo el que no veía las nubes estando cubierto. Yo soy una flor tardía pero virgen del miedo. Yo, tú y yo, amor mío, secaremos los océanos. Yo soy ahora roca, un pilar de la catedral de Sevilla y la mano de un ciego. Yo en la madurez de mi vida y ahora, te digo, amor, que te quiero.

El amante de sal.

El amante de sal. No hay nada peor que querer amar sin estar enamorado, sentir los barrotes de una cárcel de oro. Tener la mirada en el pasado en la absoluta desesperanza. No esperar nada del amor ni de la vida. Aceptar al invierno y hacerle un traje de flores huecas. Se marchitan y no dan frutos. La fatiga será parte de tus pasos y nada te saciará salvo esos recuerdos amargos. Y solo, en esa vieja foto, que miras cuando nadie te ve está la verdad, en una absoluta desesperanza y certeza de lo funesto de tu destino. No amén sobreviviendo, háganlo entregando el alma al diablo. En el extremo de los barrancos de la locura. Así hay que amar: sudando en la cama, anhelando la saliva del otro como si fuera ambrosía. O la muerte, negra, implacable y certera, en cada paso que des, en tu divina belleza, te recordará que no habrá paz en tus días, jamás, ni otra primavera. Reina de la nieve, cuerpo de cera que no arde ni quema. Mirada al vacío y noches de condena. El amor es vender el alma por u...
Ese amigo, ese viaje, ese vino, esa mujer y ese destino. Ese libro, esas ganas, esos años, esas hadas, y esos caminos. Esos descansos, esas batallas. esos veranos, esas mañanas, Y esos rocíos. Esas tardes, esos ríos. ese norte, esos desiertos baldíos. Esos inviernos, esas muertes, ese vacío. Ese puente, esa Alameda, ese relente. Esos que traen los fríos.
Solo, tejiendo en silencio. A la espera del viento, como mueren las flores en un pensamiento lento. Vivo, sediento y sintiendo, como el sabor del vinagre que no sacia a los ebrios. Miro, secando los huertos. Marchitando sus frutos, como el fuego verde de los túmulos muertos. Callo, rumiando veneno. En un mundo roto y yermo, como un ave triste que no alza el vuelo. Siento, celebrando el tiempo. Saludando a los siglos, como un alto ciprés, en su cementerio. Muero, estando vivo, muero. En la ausencia de tus besos, en un bosque inerte, de hojas secas y de largo duelo.