Hijos del deseo,
de la opulencia y los anhelos.
Gente corriente, inerte, presa del tiempo.
Días grises, sin frentes abiertos.
Ciudades vacías, dormitorios llenos.
Vives soñando mueres en silencio.
Como la abeja que cuando pica yace al momento.
Seres en tránsito a ninguna parte sin ningún consuelo.
En la violencia encuentran el último pañuelo.
De los siglos pasados y los agravios viejos,
En la soledad que solo existe en los mustios besos.
Tramando la próxima jugada del tablero,
siendo peones, no de marfil sino negros.
Vagando, rumiando y secando las hojas del invierno.
Degustando trozos de hielo como si fueran caramelos.
Vendiendo el Alma por un trozo de éxito.
Cierra la puerta, hermano, ya no cabemos todos dentro.
ni la música ni los libros sacian nuestros ojos secos.
vagamundos sin esencia, dioses del miedo,
pagando deudas de otros, cenando relojes sin manillas, gritando al cielo.
de la opulencia y los anhelos.
Gente corriente, inerte, presa del tiempo.
Días grises, sin frentes abiertos.
Ciudades vacías, dormitorios llenos.
Vives soñando mueres en silencio.
Como la abeja que cuando pica yace al momento.
Seres en tránsito a ninguna parte sin ningún consuelo.
En la violencia encuentran el último pañuelo.
De los siglos pasados y los agravios viejos,
En la soledad que solo existe en los mustios besos.
Tramando la próxima jugada del tablero,
siendo peones, no de marfil sino negros.
Vagando, rumiando y secando las hojas del invierno.
Degustando trozos de hielo como si fueran caramelos.
Vendiendo el Alma por un trozo de éxito.
Cierra la puerta, hermano, ya no cabemos todos dentro.
ni la música ni los libros sacian nuestros ojos secos.
vagamundos sin esencia, dioses del miedo,
pagando deudas de otros, cenando relojes sin manillas, gritando al cielo.
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