No es rezar, que también, por mis niños. Es un calzado limpio. Es lo que en el siglo llevan aguardando mis gentes. Una parsimonia de plancha y costura envueltas en ver a qué horas pasas las líneas del tiempo. Es entrar por calle Medina o por Arcos, según se disponga uno, o por Ancha o Merced. Porque las barriadas te exilian sin remordimientos aunque tú barrio fue el que fue. Pero uno entra a Jerez a ver su cofradía por donde entró su padre o su abuelo. Por donde tu abuela guisó los garbanzos con bacalao que todavía huelen a anhelo. Y no es ni de izquierdas ni de derechas. Es el del Cerro fuerte con la melena al viento, o las manos como dos palomas del Prendimiento. O la gente del Chicle, al verlas andar con los faroles en busca de Jesús Nazareno. Y el olor y el sabor del color del Sol. Es un ¡ Qué guasa que llueve! San Francisco en la plaza y San Lucas los Lunes que son breves. Y las Angustias que de Porvenir empieza y por Molineros muere.
Que esto no es cuestión de hombres ni de mujeres sino del relente. Que no sabes que no es martes si los judíos no sentencian la muerte. Y la carita verde de la Esperanza, chica y silente, como en la calle Acebuche cabales son los varones. Y de cera, las carnes de tu madre y tu abuela. Y el recuerdo que en cada calle te espera. Y esperando a María se parten las alamedas. Que no se trata del mundo sino de las sombras frescas. De un naranjo que revienta de azahar por la calle Corredera. Que un pañuelo en el bolsillo de mi padre vale más que una bandera. Que las cosas son como son, quiera usted o no quiera.
Que esto no es cuestión de hombres ni de mujeres sino del relente. Que no sabes que no es martes si los judíos no sentencian la muerte. Y la carita verde de la Esperanza, chica y silente, como en la calle Acebuche cabales son los varones. Y de cera, las carnes de tu madre y tu abuela. Y el recuerdo que en cada calle te espera. Y esperando a María se parten las alamedas. Que no se trata del mundo sino de las sombras frescas. De un naranjo que revienta de azahar por la calle Corredera. Que un pañuelo en el bolsillo de mi padre vale más que una bandera. Que las cosas son como son, quiera usted o no quiera.
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