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Podías haber ligado con aquella chica tan guapa de tu clase. Podías haber hecho aquel viaje sin contar con nadie. Alejarte de quién te humillaba sin agobiarte. Podías haber estudiado sin cansarte. Podías haber saboreado la adolescencia sin percances. Estar tranquilo, seguro, pisando fuerte y aprovechando las tardes. Aceptando tu cuerpo, los gozos y sin fallarte. Haber tocado aquel instrumento, hacer teatro y decirle al tiempo espera que estoy sintiendo este instante. Podías haber dejado en un cajón la inseguridad y ser el líder de la reunión sin acomplejarte. Ducharte con todos sin mirar a tus partes. Soñar que el último verano, antes de la universidad, era el más importante. Derramar tu carisma, con esas zapatillas, en esa graduación, con ese traje. Hacer el amor antes de los veinte sin asustarte. Pero, ¿ sabes qué? La vida es la que es, tu pasado fue el que fue y los sueños solo son parte, de una vida que tuviste, mas solo son humo y quimera, anhelos muy exigentes. Expectativas ansiosas de un universo que quería devorarte. Nada es mejor que aceptar, asumir, ser consciente y plantearte que tu pasado fue el que fue y que de él nadie puede salvarte. Olvida lo que no pudo ser, lo que te exigen los mediocres y en lo que te instalaste. Rumiando fallos pasados que no van a ninguna parte. Eres quien eres, preso de tus circunstancias, opciones, carácter y de tu arte. Único, maravilloso, un gran artista, un ídolo para ti. Eres como el dios Marte. Levanta la barbilla, esto no es más que un río, que baja fuerte cuando nace y que alcanza la paz en el mar al derramarse.

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No es rezar, que también, por mis niños. Es un calzado limpio. Es lo que en el siglo llevan aguardando mis gentes. Una parsimonia de plancha y costura envueltas en ver a qué horas pasas las líneas del tiempo. Es entrar por calle Medina o por Arcos, según se disponga uno, o por Ancha o Merced. Porque las barriadas te exilian sin remordimientos aunque tú barrio fue el que fue. Pero uno entra a Jerez a ver su cofradía por donde entró su padre o su abuelo. Por donde tu abuela guisó los garbanzos con bacalao que todavía huelen a anhelo. Y no es ni de izquierdas ni de derechas. Es el del Cerro fuerte con la melena al viento, o las manos como dos palomas del Prendimiento. O la gente del Chicle, al verlas andar con los faroles en busca de Jesús Nazareno. Y el olor y el sabor del color del Sol. Es un ¡ Qué guasa que llueve! San Francisco en la plaza y San Lucas los Lunes que son breves. Y las Angustias que de Porvenir empieza y por Molineros muere.  Que esto no es cuestión de hombres ni de...

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El amante de sal. No hay nada peor que querer amar sin estar enamorado, sentir los barrotes de una cárcel de oro. Tener la mirada en el pasado en la absoluta desesperanza. No esperar nada del amor ni de la vida. Aceptar al invierno y hacerle un traje de flores huecas. Se marchitan y no dan frutos. La fatiga será parte de tus pasos y nada te saciará salvo esos recuerdos amargos. Y solo, en esa vieja foto, que miras cuando nadie te ve está la verdad, en una absoluta desesperanza y certeza de lo funesto de tu destino. No amén sobreviviendo, háganlo entregando el alma al diablo. En el extremo de los barrancos de la locura. Así hay que amar: sudando en la cama, anhelando la saliva del otro como si fuera ambrosía. O la muerte, negra, implacable y certera, en cada paso que des, en tu divina belleza, te recordará que no habrá paz en tus días, jamás, ni otra primavera. Reina de la nieve, cuerpo de cera que no arde ni quema. Mirada al vacío y noches de condena. El amor es vender el alma por u...
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