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Los algoritmos en las redes permiten saber dónde te paras a ver qué producto te hace falta. Escuchan tus gustos y observan dónde escribes con énfasis expresando tus emociones o deseos. Todo ésto lo hacen con millones de usuarios al día. Te mandan publicidad sobre lo que hablas. Imaginad que hicieran lo mismo con la poesía, el cine, la escultura o la pintura. Tras analizar millones de emociones y pautas empezarán a conjugar los verbos, adverbios, imágenes, diálogos, colores, música, sustantivos y adjetivos de la forma más apropiada para dar vida a la próxima saga de novelas épicas o la siguiente película de la mafia. Ya es posible poner caras de actores que murieron en la década de los ochenta o rejuvenecer a cualquiera.

Podríamos plantearnos que siempre detrás de todos estos software o apps, como se llamen en un futuro, tendría que estar la mano de un individuo para encajar determinadas piezas. Pero se me antoja que cada vez su número será menor. El excedente de artistas está en alza, como evidentemente, el de las profesiones que tus padres hacían. Un empleado de banca se ha prejubilado ahora entrando en el año 76 con cuatro reglas, ahora hay que ser Albert Einstein para vender hipotecas inmorales. También diréis que pueden surgir nuevas profesiones en un eterno reciclaje. Pero en el mundo hay cada vez más gente. Haz una lista mental de las profesiones que sobrarán en un futuro cuando la tecnología las sustituya, seguro que te vendrán miles a la cabeza y también que no todos tenemos las herramientas para superar esta transición formativa por falta de dinero o coeficiente intelectual. Pero , ¿ sabéis que? Las ganancias no desaparecerán sino que se las quedarán menos individuos. Tenemos que empezar a demandar que lo generado por la tecnología repercuta en las clases trabajadoras. Mirad en Google cuánto gana el dueño de Amazon a la hora.

Es posible un mundo donde mediante una renta básica se distribuya lo esencial para vivir. Incluso, creo, que quien venda  frigoríficos le interesará dar cuatro euros para recibir diez. Ésto no es ni siquiera una cuestión de izquierdas ni de derechas. Si el capitalismo parece ser el sistema imperante e imposible de cambiar salvo por una revolución violenta e intelectual y basa su razón de ser en el consumismo éste necesita compradores. De los recursos existentes y finitos, cuidado con ésto. O empezamos a administrar el tiempo, el ocio, racionalizar el progreso, la tecnología o el círculo de confort se estrechará y sobrarás. Hay profesiones donde transmitir capacidades artísticas es lo importante pero para llevar un camión de Barcelona a Madrid no se necesitan. Por citar un ejemplo.

Dinero sobra. Pobreza sobra. Y el mundo no parará de reinventar y saciar la curiosidad científica del ser humano y de sus élites para economizar gastos en busca de un máximo beneficio. Parece una película de ciencia ficción pero ya hay gente excluida. Fotógrafos, transportistas, operarios de fábricas...

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