A ésos que se delatan, los prefiero.
A los que les hierve la sangre,
a los que le puede el hierro.
A los callados, perros y serviles,
a ésos, que se los lleve el viento.
En su falsa diplomacia, en sus estudiados silencios.
Observando para vivir mas no viven sino huyendo.
A ésos que van de frente,
los que no tienen miedo,
los que por una idea pierden su casa y su empleo.
A ésos que estrechan fuerte,
ni desprecian los deseos,
por la libertad te vencen,
a los que en la cárcel murieron.
A ésos de los cortijos verdes,
que con sus caballos huyeron.
Todavía en las fosas inertes,
chillan, calientes, las médulas de sus huesos.
A ésos que todavía lloramos, silentes,
los del olvido impuesto.
A los que les hierve la sangre,
a los que le puede el hierro.
A los callados, perros y serviles,
a ésos, que se los lleve el viento.
En su falsa diplomacia, en sus estudiados silencios.
Observando para vivir mas no viven sino huyendo.
A ésos que van de frente,
los que no tienen miedo,
los que por una idea pierden su casa y su empleo.
A ésos que estrechan fuerte,
ni desprecian los deseos,
por la libertad te vencen,
a los que en la cárcel murieron.
A ésos de los cortijos verdes,
que con sus caballos huyeron.
Todavía en las fosas inertes,
chillan, calientes, las médulas de sus huesos.
A ésos que todavía lloramos, silentes,
los del olvido impuesto.
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