Amar, que curioso. Amar está supeditado a la edad, la maternidad, la paternidad, la supervivencia, la inseguridad, el miedo, las zonas de confort, el daño que te hicieron en el corazón, la opinión de los pilares sólidos que crees que van a juzgarte frente a una decisión cuestionable. Amar, viniendo de vuelta, estando depresivo o eufórico, amar. A los veinte, o a los sesenta con disfunción eréctil o con el lívido por los suelos. Amar, secuestrados, desechados, anulados, acomplejados o en la supuesta gozosa venganza. Amar con hijos o sin ellos. En el escarnio público o en el púlpito de una iglesia. En la pureza o en la suciedad. Amar. Y, tras todo ésto, sólo se me ocurre una forma verdadera de amar. No interesarse en absoluto en si te aman o no. Si la vida tiene una opción para descartar lo racional es cuando se ama, drógate con eso. No te preocupes ni un instante en preguntarte si te aman. En el amor hay que morir, diluirse y entregarse. Sucumbiendo a su dramática injusticia y a sus finales inevitables y amargos. Si no están dispuestos a morir de amor no aman. Dejen de cuestionar al otro, olvídense de sus miradas, sus ofrendas y sus ritos. Tu amor es tu Dios, y ahí en esa despreocupación está la verdad.
No es rezar, que también, por mis niños. Es un calzado limpio. Es lo que en el siglo llevan aguardando mis gentes. Una parsimonia de plancha y costura envueltas en ver a qué horas pasas las líneas del tiempo. Es entrar por calle Medina o por Arcos, según se disponga uno, o por Ancha o Merced. Porque las barriadas te exilian sin remordimientos aunque tú barrio fue el que fue. Pero uno entra a Jerez a ver su cofradía por donde entró su padre o su abuelo. Por donde tu abuela guisó los garbanzos con bacalao que todavía huelen a anhelo. Y no es ni de izquierdas ni de derechas. Es el del Cerro fuerte con la melena al viento, o las manos como dos palomas del Prendimiento. O la gente del Chicle, al verlas andar con los faroles en busca de Jesús Nazareno. Y el olor y el sabor del color del Sol. Es un ¡ Qué guasa que llueve! San Francisco en la plaza y San Lucas los Lunes que son breves. Y las Angustias que de Porvenir empieza y por Molineros muere. Que esto no es cuestión de hombres ni de...
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