La nada.
Mi gasolina, siendo sincero, es la empresa que jamás podré llegar a alcanzar. Y no sé si es producto de mis sueños o de vuestros sueños. Pero es allí, en ese horizonte irracional y que no se puede palpar donde están la energía y los motivos. Eso que piensas en la almohada, lo que no cuentas a nadie, a veces ni siquiera a ti pero que intuyes y sientes. Mal sino el de la vulgaridad. Dolorosa existencia la numérica, la clónica y amargo totalitarismo el apego a lo normal. Todo pasa: los siglos, las estrellas y hasta los átomos a los que das consciencia suspiran por no ser iguales. No te mientas, quieres crear. Y hablo del arte y la belleza. Tan, dicen, superfluo e innecesario, en un extraño apego pragmático. Vives, si mereces la pena, en un ardor infernal por lo que solo tú sabes que no alcanzaras ni tocaras. Y sin embargo ahí está. Como el color de tus ojos. La nada, esa nada, importa más que cualquier todo.
Mi gasolina, siendo sincero, es la empresa que jamás podré llegar a alcanzar. Y no sé si es producto de mis sueños o de vuestros sueños. Pero es allí, en ese horizonte irracional y que no se puede palpar donde están la energía y los motivos. Eso que piensas en la almohada, lo que no cuentas a nadie, a veces ni siquiera a ti pero que intuyes y sientes. Mal sino el de la vulgaridad. Dolorosa existencia la numérica, la clónica y amargo totalitarismo el apego a lo normal. Todo pasa: los siglos, las estrellas y hasta los átomos a los que das consciencia suspiran por no ser iguales. No te mientas, quieres crear. Y hablo del arte y la belleza. Tan, dicen, superfluo e innecesario, en un extraño apego pragmático. Vives, si mereces la pena, en un ardor infernal por lo que solo tú sabes que no alcanzaras ni tocaras. Y sin embargo ahí está. Como el color de tus ojos. La nada, esa nada, importa más que cualquier todo.
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