Labran las tierra los hombres con las barbillas hundidas
ya no vuelan las palomas ni llueve en la serranía,
los gitanos me maldicen con sus chalecos de seda,
no me dijiste un te quiero al lado de mi candela,
se está muriendo el arroyo con el sabor de mi pena,
los caminos de la campiña se llenan de yeguas negras.
La mentira de un querer y morirme en tus bajeras...
Dime, ¿ dónde están los niños que ya no ríen ni juegan?
La sal de la bahía y los gritos fríos de las estrellas,
un ave roja de garras yermas con el sabor de las malas hierbas.
María Luisa, la de romero, y el color de su flor
¿ Quién se marchita con veinte años al sonido del sol ?
¿De qué te valen tus ojos si no sabes dar amor?
Que ya ni vivo ni canto, sólo espero al ocaso como el que le reza a Dios
ya no vuelan las palomas ni llueve en la serranía,
los gitanos me maldicen con sus chalecos de seda,
no me dijiste un te quiero al lado de mi candela,
se está muriendo el arroyo con el sabor de mi pena,
los caminos de la campiña se llenan de yeguas negras.
La mentira de un querer y morirme en tus bajeras...
Dime, ¿ dónde están los niños que ya no ríen ni juegan?
La sal de la bahía y los gritos fríos de las estrellas,
un ave roja de garras yermas con el sabor de las malas hierbas.
María Luisa, la de romero, y el color de su flor
¿ Quién se marchita con veinte años al sonido del sol ?
¿De qué te valen tus ojos si no sabes dar amor?
Que ya ni vivo ni canto, sólo espero al ocaso como el que le reza a Dios
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