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Cenando con amigos. Relato filosófico.


Cenando con los amigos.

-Está más que demostrado que dios no existe, hombre.

Paula, tras tomas dos copas estaba envalentonada y como filósofa del grupo y ya en unas horas álgidas donde todos estábamos atentos a sus maravillosas explicaciones estaba ya sentenciado, lo solía hacer con una habilidad aplastante, llevándose al bolsillo a todo el que quería. Cargada de datos y números, como siempre, de una manera prodigiosas nos instruía. Aquel club de más de cuarenta tacos, donde todos nos considerábamos tan modernos y progresistas estaba seducido por su presencia. Y no es que nadie pudiera hacerle sombra. Dios los cría y ellos se juntan. Es algo que ya a una cierta edad uno llega a comprender y en el grupo había mucha gente de calidad. Y dentro de lo heterogéneo, se degustan los mismos vinos, aficiones y hasta las sensaciones.

Pero aquella noche quedaría para el recuerdo, desde la esquina de la mesa, diminuta y frugal, nuestro ser de luz, nuestra Galadriel, así la llamaba Pablo, su hermano, alzó su menuda voz y lanzó una pregunta, desde lo sereno y lo calmado que hablan quienes saben tener algo bueno para intercambiar. Y es que ya se sabe, la vehemencia y los gritos no son buenos compañeros de la verdad.

-¿ Estás segura?
El grupo se paralizó y hasta Hugo, ya algo borracho, cayó una copa de vino al mantel. Cosa que a Diego no le hizo ninguna gracia. Eah, ya estamos, pensé, discusión y debate al canto. Y no digo que no me gustaran o que me cerrara en banda, pero aquella noche comenzó, de nuevo hablando de sexo y una partida al Risk se intuía y, de todas todas, veía como mis planes se diluían.

-Segurísima- Paula con su barbilla bien alta sentenció, de nuevo- A no ser que tú me lo demuestres. El tono y la condescendencia se palpaban en el aire.

-Bueno- Galadriel se puso firme en la silla y todos la miramos, esperando su respuesta:
Mirad, por un instante, ese cuadro, aquel de tu abuela, Diego. Y a continuación miradme a mí. Hizo una pausa, como si quisiera, de verdad, que todos hiciéramos aquel ejercicio práctico. Transcurridos unos segundos eternos, siguió con su discurso. Os puedo afirmar que entre aquel cuadro, horroroso por cierto, y yo no hay ninguna diferencia. Todos rieron, de nuevo, pero siguieron prestando atención.
-¿ A qué te refieres? Hay muchas diferencias, dijo Juan bastante perjudicado por el ron con cola que solía tomar hasta de aperitivo.
-Me refiero a que entre la composición química de ese objeto y mi ser no existen diferencias muy notables. Quizás en los elementos químicos de la tabla periódica haya variaciones pero en lo más sustancial coincidimos.
-¿ Dónde quieres llegar a parar? De nuevo Paula la interpeló.
- Me refiero a que detrás de esos materiales, ese papel, mi pelo, mis uñas, la composición de mi sangre, la puntilla que cuelga el cuadro en la pared hay partículas, moléculas, átomos, partículas subatómicas y por último energía. Y detrás de esa energía quizás esté únicamente la nada. Y en esa nada todos somos lo mismo o nada y quizás todos seamos parte de un todo. Al unísono se silenciaron y Ramón, que estaba totalmente enamorado de Galadriel, la invitó a seguir con un movimiento de cejas y media sonrisa bobalicona.

- ¿ Nunca habéis pensado en ello? Que toda esa energía esté aquí reunida, pensando en qué hará el lunes, si mañana tendrá resaca, ¿ por qué el neoliberalismo está destrozando la clase media, o por qué nos gusta más a algunos más el vino que la cerveza? ¿ Qué sentido tiene que la nada, en una última opción, sea capaz de reconocer la belleza? ¿ Por qué ha mostrado Diego preocupación por la mancha que le va a quedar en el mantel?

Los ojos a algunos se le quedaron como platos. Jamás habían retrocedido tanto al diseccionarse y, sobre todo, nunca hubieran creído que en dos minutos la filósofa del grupo hubiera sido destronada por aquel ángel de luz.

- Las posibilidades de que haya un creador que imponga un orden son las mismas por las que todo esté regido por un cúmulo de causalidades que nacen y se forman desde el caos y la nada. Pero en todo caso, ¿ no os parecen muchas las casualidades? Disfrutáis con Spiderman, las películas de Spilberg, la mitología de Tolkien y os emborracháis una vez a la semana. ¿ Todo eso forma parte de un plan sin sentido? No puedo creer que Fingolfin muriera a manos de Melkor o que Romeo se quitara la vida por Julieta por un capricho atroz surgido desde la casualidad y nada más. Entonces se levantó y fue directa a los labios de Ramón. Y allí le dijo, con el corazón, que él no era sólo un puñado de átomos, que él era su amor. La partida de Risk no llegó. Pero mereció la pena, ¿ no creen?

Comentarios

  1. Como siempre, me sorprendes. Sigues escribiendo como los ángeles y con toda la conciencia del mundo.
    Para nosotros, los escritores por pasión, nos gusta escribir porque nos lleva a otro mundo, de otros colores y de otra gente. De otras costumbres y otros paisajes. De otras cosas que también nos espantan y aunque las tengamos las queremos conservar. Esa inspiración que nos da sensación de sentirnos más vivos que nunca, de sentir que tenemos que contarle algo al resto, esa sensación no somos capaces de explicarla. Ni hablando ni escribiendo. Sólo se puede explicar sintiendo, en la piel.
    Cuando leo algo tuyo, me transmites eso una y otra vez. Todos tenemos problemas difíciles de evadir, pero cuando escribimos, nada de eso importa ya. Te doy mi enhorabuena, porque todo esto es lo que logras transmitirte cada vez que te leo. Un abrazo y sigue así.

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